CORONACRISIS

Coronacrisis

La emergencia sanitaria por el COVID-19 mutó, al punto que Ecuador vive una verdadera crisis humanitaria más allá de los miles de contagiados sin atención médica y a los muertos desaparecidos.

Un mes después de que se decretara la cuarentena, las acciones del gobierno de Moreno y Otto aún están rebasadas por los hechos. Dicen que entregan alimentos, pero son recurrentes las imágenes de personas buscando comida entre los basureros; aseguran que el Estado tiene el control sobre la emergencia, sin embargo faltan insumos de bioseguridad en los hospitales; sostienen que son humanitarios, aunque facultan a empresarios para despedir trabajadores, no pagan salarios a funcionarios públicos y hasta permiten la especulación de varios medicamentos.

Como si no fuera poco esta terrible realidad, a nombre de la solidaridad, el régimen anunció un Plan de Emergencia Económica con el que pretende cristalizar el paquetazo que fue derrotado por el Levantamiento de octubre pasado.

Moreno quiere imponer un paquetazo tributario, llamado contribuciones, de hasta el 10% al sueldo de empleados públicos y privados, por un año, mientras las recaudaciones que se lograrán de los millonarios empresarios no llegan ni a la mitad de lo que confiscarán a los trabajadores. Incluso se anunció que no se descarta elevar el IVA.

El Paquetazo también es laboral, pues las presiones de las Cámaras de Producción que son amas y señoras de Carondelet, exigen la precarización de la contratación, trabajo, despido y jubilación. Con la justificación de que “la realidad ha superado el marco jurídico”, los empresarios al menos por los próximos dos años, ahora podrán reducir salarios, extender o reducir arbitrariamente jornadas de trabajo, violar la estabilidad laboral, impagar los décimos y las utilidades, etc.

Otras de las cartas bajo la manga del gobierno es continuar con los despidos en el sector público, las privatizaciones y eliminar el subsidio de los combustibles. Este paquetazo económico es apoyado por Nebot y Lasso, bajo el argumento de que el país necesita $7000 millones para salir de la emergencia sanitaria.

Vaya solidaridad a la que apelan las élites, quiere exprimir los bolsillos del pueblo, mientras sigue pagando deuda externa a los chulqueros y privilegiando los intereses de los ricos.

El Levantamiento indígena y popular resucitará.

 

Francisco Escandón Guevara

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CULPABLES

CULPABLES

Aunque tarde, la justicia llegó. Después de una década de autoritarismo, despilfarro económico y corrupción institucionalizada, la sentencia de los jueces de la Corte Nacional determinó la culpabilidad de Rafael Correa, Jorge Glas y otros dieciséis sujetos por su participación en el caso Arroz Verde.

La mayoría de los juzgados deberán cumplir ocho años de cárcel, ofrecer disculpas públicas al pueblo ecuatoriano, resarcir integralmente el perjuicio económico hecho al Estado, adicionalmente ellos perderán los derechos políticos por lo que no podrán participar como candidatos en los próximos veinticinco años, etc.

A pesar de los malabares jurídicos, los intentos de fuga de los procesados, la destrucción de grilletes electrónicos, la imputación de jueces y fiscales; el correísmo no logró eludir sus responsabilidades con los sobornos solicitados a empresas para financiar las distintas campañas electorales.

Por delante el correísmo podrá interponer varios recursos jurídicos en el país y hasta amenazan con llevar el caso al sistema judicial internacional para evitar cumplir la sentencia, más sus argumentos son débiles.

Es ridículo imputar la traición de Moreno cuando ellos mismos lo entronizaron en Carondelet, suena desesperado que cuestionen la justicia a la que Correa metió las manos, es increíble que impugnen la imparcialidad de los testimonios de quien antes fue considerada la hermana menor de Rafael. Ese papel de víctimas al que apelan los corruptos es un recurso cada vez más desgastado y solo tiene receptividad en sus aduladores.

Mejor deberían poner sus barbas en remojo, pues ese no será el único dictamen que Correa reciba por sus acciones y omisiones, hay varios casos que esperan ser investigados y juzgados por los que acumulará más años de prisión.

Este es un triunfo del pueblo que sigue en su lucha para derrotar a la impunidad y no debe ser usado como distractivo para que el gobierno eluda su ineptitud ante la emergencia sanitaria.

La sentencia también invita al régimen de Moreno para que se mire en el espejo del correísmo. Ningún caso de corrupción se puede tapar con un dedo, los recursos públicos durante una emergencia no deben ser el negociado de ciertas autoridades, la prepotencia no puede imponerse para acallar a quienes reclaman. Más temprano que tarde las élites pagarán sus culpas.

 

Francisco Escandón Guevara

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LA CULPA NO ES DE LOS “MONOS”

Monos

La emergencia sanitaria está desbordada. Las cifras de contagios y muertes, por COVID-19, que entrega el gobierno de Moreno no son ciertas y la paciencia popular va colmándose ante las reiteradas negligencias del Estado.

En las frías estadísticas del régimen no se contabilizan las personas fallecidas que yacen sobre veredas y calles de Guayaquil, indignamente revueltos entre fundas de basura, mientras los cuerpos se pudren a la intemperie y propagan el virus.

El grado de indolencia del gobierno es tal que ni siquiera existen protocolos claros para el tratamiento de los cadáveres, dicen y desdicen que preparan una fosa común para arrojar los despojos de los muertos por coronavirus; esa simple posibilidad es una guía para proyectar la duración e intensidad de la pandemia irresponsablemente enfrentada.

En clínicas y hospitales la desesperación reina. Se multiplican los médicos, enfermeras y demás trabajadores de la salud que están infectados, los héroes y heroínas hasta ahora no cuentan con los suficientes insumos de bioseguridad. La capacidad instalada de clínicas y hospitales en la provincia del Guayas está rebasada, literalmente la gente está muriendo en los pasillos de las casas de salud y, si no se toman medidas más efectivas, es muy probable que esta situación se extienda a otras ciudades del país en los días venideros.

La culpa no es de los monos o guayacos, como los regionalistas quieren adoctrinar. El virus puede infectar sin discriminación de clase, social o de género, pero son los pobres quienes sufren las peores consecuencias.

No tiene sentido exigirle a esos miles de comerciantes minoristas que cumplan la cuarentena, cuando en sus hogares levantados entre cañas y sin servicios básicos hace falta el pan. Esos trabajadores del día a día, ellos que fueron garroteados por el modelo exitoso, no deben ser culpados de insensatos.

Los irresponsables son las élites que se enriquecieron con los sobreprecios en la década anterior, los miserables son los neoliberales que destartalaron la salud pública, los criminales son los ortodoxos que prefieren pagar la deuda externa antes que precautelar la vida, los insensibles son quienes aprovechan de la catástrofe para seguir con la corrupción y los negociados.

Pero la vida vencerá, esa victoria será obra de los pobres, de los trabajadores.

 

 

Francisco Escandón Guevara

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LA DEUDA O LA VIDA

Moratoria

La emergencia sanitaria en el Ecuador continúa, a esta altura son más de mil contagiados, hay decenas de muertos y son pocas las personas que logran recuperarse. El coronavirus se expande mientras es cuestionado el liderazgo del gobierno de Moreno, pues las medidas para enfrentar la pandemia son insuficientes y no logran detener su propagación.

La cuarentena que es la principal forma de prevención no logra activarse completamente, pues las necesidades materiales superan a la disciplina ciudadana. Las actividades productivas y comerciales de una gran parte de la población desafían el aislamiento social, esas miles de personas que viven en condiciones de pobreza (comerciantes minoristas, jornaleros, vendedores ambulantes, obreros contratados temporalmente) siguen en las calles tratando de ganarse el pan diario para alimentar a sus familias, aunque arriesguen la vida.

La vulnerabilidad que sufren estos semiproletarios también se proyecta a las condiciones precarias del sistema de salud público. Allí los recursos son escasos para enfrentar el COVID-19, debido a que en más de una década se incumple con el mandato constitucional de invertir al menos el 4% del Producto Interno Bruto.

El demagógico discurso de Moreno y su gabinete, de que el país está preparado para enfrentar el coronavirus, no puede tapar el sol con un dedo, pues escasean las canastas solidarias para los más vulnerables y hacen falta insumos, reactivos, medicinas o equipos que mejoren las capacidades operativas del ministerio de salud.

Mientras eso ocurre, el régimen acaba de pagar puntualmente y con premio un tramo de los llamados Bonos Global 2020. Por esa deuda externa cotizada en los mercados internacionales en $139 millones, Moreno pagó $324 millones, es decir $185 millones más de lo que preveían ganar los chulqueros.

No hay duda para quiénes gobiernan las élites, tampoco sobre cuál es su prioridad, tan sólo ratificaron su naturaleza burguesa y servil. Por ahora el dogma neoliberal se impuso por sobra la emergencia sanitaria, aunque el gobierno ofrezca endeudarse más para enfrentar la pandemia.

Momentos extraordinarios como este, demanda de medidas extraordinarias, por lo que el pago de la deuda debe ser aplazado. Con esa plata de la moratoria se podrá vencer al coronavirus. Es hora que el pueblo exija.

 

Francisco Escandón Guevara

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ABSURDISTÁN

Absurdistán

Algunos ministros y secretarios de Estado responsabilizan del crecimiento de casos de coronavirus a la carente disciplina ciudadana para cumplir el aislamiento social.

Esa acusación tiene relativa validez, pues es evidente que hay quienes potencializan la propagación del COVID-19 por su exposición pública desmotivada y por el desprecio a las normas de higiene.

Más hay un segmento de la población (productores campesinos, obreros del sector alimentario y farmacéutico, repartidores de productos, personal de la fuerza pública, médicos y trabajadores de la salud) que siguen laborando aunque el gobierno no haya garantizado las suficientes medidas y protocolos de protección.

Eso sucede mientras el Ecuador testimonia las denuncias de que en los hospitales escasean los insumos, por ridículo que parezca hacen falta desde mascarillas hasta el compromiso del gobierno para financiar gratuitamente los exámenes a todos quienes sean sospechosos portadores del virus. Existe además una deshumanizada práctica empresarial, en varias fábricas y grandes comercios se reportan insuficientes medidas de bioseguridad implementadas.

Esa falta de criterio preventivo de las élites para enfrentar a la emergencia sanitaria se mezcla a un conjunto de absurdos. Por ejemplo,  un artista torpe, que funge de ministro, organiza conciertos desde casa y despilfarra los recursos estatales; una alcaldesa, heredera de la prepotencia socialcristiana, comete un acto terrorista al impedir el aterrizaje de un avión que cumplía misiones humanitarias; el prófugo corrupto al igual que los banqueros se eclipsan en silencios de sepulcros; el presidente está más ausente que nunca y don Otto, ansioso de protagonismos, busca cámara para su promoción electoral.

El coronavirus está desmitificando caudillos, modelos exitosos y hasta autoridades ineficientes, pero el pueblo no aguanta, la falta de liderazgo gubernamental para desacelerar la propagación del virus merece correctivos.

Cierto es que para derrotar la pandemia las masas deben quedarse en casa, ese es por ahora su papel histórico, pero la situación también demanda recursos económicos.

Moreno debe declarar la moratoria inmediata al pago de la deuda externa e invertir esa plata en la emergencia sanitaria actual, ponerse del lado de los acreedores sería conspirar contra la vida.

 

 

Francisco Escandón Guevara

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EMERGENCIA SANITARIA

EMERGENCIA SANITARIA

El coronavirus dejó de ser una amenaza y ahora es una realidad objetiva. Las medidas preventivas adoptadas por el Estado fueron insuficientes, el COVID-19 logró introducirse al país sin que medie un protocolo médico obligatorio aplicado a todos los viajeros.

Desde el primer caso reportado es evidente el descontrol del gobierno. La inacción del régimen fue superada ampliamente por los especuladores de mascarillas y alcohol antiséptico, la parsimonia comunicativa de la administración aún está rebasada por noticias falsas y dudosas recomendaciones, los cercos epidemiológicos no incluyeron a todos quienes tuvieron contacto con los portadores del virus.

Por eso los casos positivos crecen a un ritmo acelerado y seguramente se multiplicarán en los siguientes días, más allá incluso de las cifras oficiales que sólo dan cuenta de quienes presentaron síntomas graves.

Es casi imposible tener certeza de los contagiados. Urge que el Estado asuma con seriedad la rectoría del sistema de salud o éste puede colapsar en pocos días; se requiere que el gobierno destine los suficientes recursos económicos para masificar las pruebas de detección del coronavirus, para adquirir el equipo de bioseguridad que necesita el personal hospitalario, para contratar a más personal médico, para implementar y modernizar las unidades de cuidados intensivos, etc.

Para ello no hace falta ningún paquetazo, pues sobran las alternativas que Moreno puede aplicar para zigzaguear esta emergencia sanitaria sin descargar sus costos en los bolsillos del pueblo. No caben las recomendaciones de algunos economistas como el otrora prófugo Alberto Dahik, ni las hechas por las Cámaras de la Producción, sus planteamientos neoliberales son un peligro para la humanidad.

Es prudente cumplir con el aislamiento en cada hogar y las medidas de asepsia para menguar los medios de contagio, hasta allí llega la corresponsabilidad del pueblo.

En tanto que el gobierno debe garantizar el abastecimiento de alimentos a todos, la estabilidad laboral, el pago puntual de sueldos sin recortes, la moratoria de deudas con la banca, la implementación de créditos baratos para la reactivación productiva, la difusión ágil y sencilla de información que supere la anarquía.

Es hora de la solidaridad. La vida vencerá.

Francisco Escandón Guevara

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PAQUETEVIRUS

PAQUETEVIRUS

El gobierno de Moreno desempolva las viejas fórmulas neoliberales. Al compás de su tibio discurso justifica el intento de paquetazo culpando a Correa, a los bajos precios de cotización del petróleo, al desplome de las bolsas de valores y hasta a la propagación del coronavirus.

Así se niega a admitir que la profundización de la crisis fiscal del Ecuador, su transformación en una crisis económica recesiva, es producto de la irresponsable firma de la Carta de Intención con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pues este organismo crediticio impuso una receta de medidas que impiden al Ecuador adoptar políticas soberanas y alternativas para enfrentar los efectos de la actual depresión del capitalismo mundial.

No sólo se trata de ignorancia, sino al parecer hay intencionalidad de ahondar la crisis, pues es evidente que los recortes presupuestarios a la educación, universidades, seguridad social o producción, que la confiscación abusiva e inconstitucional de salarios a trabajadores (al igual que lo hizo el correísmo), que el despido de servidores públicos, que los nuevos impuestos a los propietarios de vehículos, que el crecimiento de la deuda externa, que la imposición de leyes antiobreras, etc., no son la solución.

Moreno oculta que estas medidas económicas las decidió tiempo atrás y que esperaba el momento oportuno para anunciar la reprogramación de las órdenes dictadas por el FMI, más aún luego del examen trimestral hecho por el Fondo que derivó en la suspensión de la línea de créditos internacionales.

Por ahora el gobierno débil e impopular no insistió en la eliminación de los subsidios a los combustibles, ni en la elevación del IVA o en la privatización de las áreas estratégicas del Estado, aunque no desestima adoptarlas en el futuro inmediato; todo dependerá de la capacidad de reacción del pueblo que tiene en su ADN la victoria del Levantamiento indígena y popular.

El paquetazo no es la salida para un pueblo desempleado, la desinversión social y la precarización del trabajo complicarán más la ya difícil situación. La crisis la deben pagar las élites que siguen enriqueciéndose aceleradamente y sin interrupción con el favor de cada gobierno.

Las páginas siguientes al combativo octubre están próximas a ser escritas.

 

Francisco Escandón Guevara

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