EL NUEVO MEJOR AMIGO

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18 años transcurrieron luego de la última visita presidencial a los Estados Unidos de Norteamérica. En esa cita Lucio Gutiérrez capituló su programa de gobierno, a cambio de préstamos internacionales para cubrir el déficit fiscal, al autoproclamarse el mejor amigo del imperialismo norteamericano.

Ese encuentro, que lo organizó el banquero Lasso, dividió las aguas con el pueblo ecuatoriano, pues el gobierno a nombre de colaborar en la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y la insurgencia pactaba la profundización del neoliberalismo, mientras se iniciaba la oposición popular que culminó con la salida de Gutiérrez.

Deberían estar frescas esas lecciones de la historia reciente, pero Lenin Moreno las ignora al decidir que sus últimos meses de mandato serán de mayor sumisión a los intereses norteamericanos. El régimen revalidó los compromisos que hizo Lucio, a excepción de que ahora el enemigo inmediato a vencer ya no es la guerrilla, ni el régimen talibán o Al Qaeda, sino el gobierno venezolano de Maduro.

Moreno quiere ser el nuevo mejor amigo de los gringos, pues hace reverencias al régimen neocolonial y pretende constituirse en alfil de los intereses norteamericanos en Sudamérica.

Esa apuesta es ridícula, es imposible la firma de un Tratado de libre comercio entre países cuyas asimetrías colocan a la superpotencia con un Producto Interno Bruto 200 veces superior al ecuatoriano y con una producción agraria subsidiada. A esos mayúsculos problemas se suman la falta de capacidad competitiva de los productos nacionales, la no diversificación de las exportaciones ecuatorianas, el débil aparato productivo, la división internacional del trabajo, etc.

Tampoco es negocio convertirse en el apéndice ideológico, militar y político del gobierno de Donald Trump, pues equivale a ser el lugarteniente del autoritarismo, a encarnar la xenofobia que enjaula niños y levanta muros en las fronteras, a personificar la amenaza del racismo y la guerra permanente, etc.

El país no puede ser la meretriz de los intereses norteamericanos, chinos o rusos que ahora apuntan a la privatización de las áreas estratégicas y a lo que resta de concesiones minero-petroleras. La dependencia debe terminar para que las perspectivas del desarrollo no sean condicionadas por terceros y obedecidas por las élites vendepatrias.

 

Francisco Escandón Guevara
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EL JUICIO DE LA DÉCADA

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Al inicio de esta semana comenzaron las audiencias de juicio por los casos de sobornos que involucran a Rafael Correa y 20 procesados más. La acusación de cohecho, formulada por la fiscalía, se fundamenta en pruebas de coimas que superarían los USD. 7,7 millones hechas por compañías privadas para financiar campañas electorales, sabatinas y festines de Alianza País.

Desde el correísmo hay una trama de acciones para desprestigiar la etapa de juicio que enfrenta Rafael y su pandilla. Todo lo tienen fríamente calculado, al punto que iniciaron una profusa campaña de victimización para prolongar la impunidad del prófugo e influir en el sistema judicial.

Es anecdótico. Aquellos que metieron la mano en la justicia y que presionaban a los jueces para evitar fallos contra el gobierno, ahora denuncian parcialización, violación de las libertades públicas y de los derechos humanos, forjamiento e inexistencia de pruebas y llegan incluso a señalar que se trata de un caso de persecución política para impedir que Correa sea candidato en las próximas elecciones.

Está claro. Los defensores del correísmo apuestan a empantanar el proceso de juzgamiento, por ello insisten en un sinnúmero de argucias legales para demorar el juicio. Ahora recusan jueces, cambian abogados, excusan enfermedades, etc., para que Correa inscriba su candidatura a vicepresidente o asambleísta antes que exista sentencia en firme de la justicia ecuatoriana.

El país está en una prueba contrarreloj. El tiempo apremia, más aún luego de que el CNE  adelantó sospechosamente el mes de las elecciones que se desarrollarán en el año 2021. Los hechos, la realidad, testimoniarán si se castiga a la corrupción de una década o se impondrán los pesados malabares que intentan lograr la impunidad perpetua del caudillo y sus acólitos.

Todo depende del sistema judicial. Ahora verdaderamente se podrá constatar cuánto aún existe de las sucias manos metidas en la justicia y si es que las promesas de descorreizar el Estado se efectivizaron.

Los corruptos deben tener una sanción rápida y ejemplar, deben ser privados de la libertad y devolver la plata robada. Los contratiempos, las mañoserías deben ser rechazadas. El pueblo ya no come cuentos.

 

Francisco Escandón Guevara

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LA CARRERA PRESIDENCIAL

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A falta de un año para que los ecuatorianos vuelvan a las urnas, las fichas del tablero político se mueven para posicionar a las candidaturas que terciarán en los comicios del 2021.

Hasta el momento existen no menos de una docena de candidatos que aspiran llegar al Palacio de Carondelet. Esta dispersión causa zozobra entre los votantes y vaticina una reñida contienda, pues a esta altura no existen favoritos para colgarse la banda presidencial.

Los candidatos de la tendencia derechista son varios y cada vez más se fragmenta su electorado cautivo.

Así el banquero Lasso oficializó su candidatura por tercera oportunidad, con menos expectativas que las anteriores, cargando sobre sí la responsabilidad de pactar con el gobierno neoliberal de Moreno en la Asamblea Nacional.

Otro representante de esta tendencia es Jaime Nebot a quien no le es suficiente el legado de su paso por la alcaldía de Guayaquil, sobre todo después de sus desatinadas declaraciones racistas que recomendaban a los indígenas quedarse en el páramo durante las movilizaciones de octubre anterior.

La apuesta del oficialismo, también representante de derecha, es Otto Sonnenholzner. El vicepresidente promueve su figura aprovechando la estructura estatal, aunque en varias ciudades es interpelado por el pueblo que condena la ineptitud del gobierno y su obediencia a los dictámenes del Fondo Monetario Internacional.

En las filas del correísmo hay incertidumbre porque buena parte de sus figuras no podrán ser candidatos si la justicia llega a sentenciarlos por corrupción. En la revolución ciudadana saben de sus límites, de la marginal posibilidad de crecimiento electoral más allá de su votación consolidada.

En la otra orilla se trabaja por lograr un gran consenso que sume a los partidos y movimientos políticos de izquierda (Pachacutik, Unidad Popular, etc.) junto a las organizaciones sociales como la CONAIE, el FUT y el Frente Popular. Cierto es que aún no han decidido su candidato, pero existen perfiles como el de Leonidas Iza, Jaime Vargas o Yaku Pérez. Los retos de esta tendencia es primero lograr la unidad y luego convertir en votos el apoyo extraordinario que tuvo el levantamiento indígena y popular, de hacerlo lograrían la victoria.

La carrera presidencial ha empezado, la decisión la tiene el pueblo.

 

Francisco Escandón Guevara

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