CHILE LUCHA

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Durante décadas Chile fue presentado como el modelo a seguir. Empresarios, gobernantes, organismos internacionales y grandes medios de comunicación coincidían en ensalzar el continuo crecimiento económico del país de la estrella solitaria. Y aunque es cierto el aumento exponencial del Producto Interno Bruto, pero Chile, junto a otros diez países, son los más inequitativos del mundo, pues la riqueza está concentrada mayoritariamente en pocos grupos económicos.

Para esas élites, la fórmula del éxito fue la aplicación del neoliberalismo capitalista (aperturismo económico, flexibilización y precarización del trabajo, privatización de las áreas estratégicas del Estado, etc.), cuyas bases fueron construidas durante la dictadura de Augusto Pinochet.

Efectivamente el modelo del progreso chileno se levanta sobre las estructuras de la autoridad militar, encima de los muertos y desaparecidos que fueron víctimas del golpe de Estado dirigido por la Central de Inteligencia Americana.

Poco cambió el sureño país americano desde la dictadura. La desigualdad social-económica continuó y se profundizó con el retorno a la democracia formal, incluso aún se conservan las instituciones y hasta la Constitución de inspiración pinochetista que logró imponer un régimen de terror en la sociedad chilena.

El mismo presidente Piñera es heredero de esa tradición de monopolios de poder y riqueza. Esas clases gobernantes, como ocurre con los neoliberales en Latinoamérica y el mundo, mantienen vínculos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y aplican sus políticas antipopulares.

Así el alza de los pasajes del metro constituyó la ruptura del represamiento de la inconformidad social. Los manifestantes derrotaron el estado de excepción, el toque de queda, la brutalidad de los carabineros y militares accionados por el llamado de guerra que hizo inicialmente Piñera.

La burguesía la está pasando mal. No detiene la lucha popular la reversión del paquetazo, el ofrecimiento de perdón desde el poder, ni siquiera la renuncia de todo el gabinete ministerial. Los millones de movilizados en Chile han alcanzado un importantísimo nivel de conciencia de que es necesario cambiarlo todo.

Latinoamérica se levanta, reclama justicia social, quien no lo entienda será juzgado por la historia.

 

Francisco Escandón Guevara

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LA VIOLENCIA

VIOLENCIA

Un coro de amenazas y de falsas acusaciones descienden desde el poder. El gobierno de Moreno, los precandidatos presidenciales de la oligarquía, el empresariado y los grandes oligopolios de la comunicación coinciden en incriminar a las jornadas de octubre como vandálicas, violentas y terroristas.

Al parecer esas élites tienen alzheimer prematuro, no recuerdan que el discurso convocante a las protestas fue contra el paquetazo neoliberal. Olvidan además que la lucha de los pueblos indígenas, de las clases y capas trabajadoras de la sociedad, así como de la juventud expresó su independencia del correísmo.

Por eso son condenables los planes de Moreno que tratan de asociar el intento de golpe de Estado, impulsado por el prófugo, con la legítima resistencia del levantamiento indígena y popular. No son iguales, uno y otro difieren en sus objetivos, formas de lucha, intereses y liderazgos.

Los recursos utilizados por el gobierno para amedrentar y judicializar a la oposición popular son maquiavélicos, pues constituyen la continuación de la prepotencia de su antecesor. A la par que desempolvaron el libreto del golpe de Estado usado en el 30-S, iniciaron una campaña de desprestigio y persecución a los dirigentes del levantamiento, mientras se lavan las manos con la sangre de las violaciones a los derechos humanos.

Este nuevo capítulo reaccionario exime de responsabilidades a las élites; nada dice sobre los discursos racistas, regionalistas y xenófobos pronunciados por los oligarcas, esconde las aberraciones de la policía adiestrada por la brutalidad de los carabineros chilenos, tolera la irracional militarización del territorio nacional y omite la convocatoria de guerra que hicieron los caudillos.

Todas esas prácticas fascistas, invocadas a nombre de la falsa paz y la democracia burguesa, están protegidas por un manto de impunidad que se acopla perfectamente a la desigualdad social.

Allí radica el origen de la violencia estructural del sistema: en la decisión de los distintos gobiernos para promover la concentración de la riqueza en manos de los monopolios, en el perdón de las deudas tributarias no canceladas por los ricos y en la facturación continua de las crisis económicas para que la paguen los pobres.

Los dueños del poder intentan responsabilizar de la violencia al pueblo para criminalizar su lucha, para inmovilizarlo y avanzar en la aplicación del neoliberalismo-capitalista. Por cierto, ya preparan un nuevo paquetazo acorde con las exigencias del Fondo Monetario Internacional.

Mas no les será fácil, por delante está la conciencia de las masas que entendieron que son las verdaderas hacedoras de la historia.

 

Francisco Escandón Guevara

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TRIUNFO DEL PUEBLO

TRIUNFO

Once días de paralizaciones ininterrumpidas fue el telón de fondo de una aguda crisis política en el Ecuador. El torrentoso movimiento social sólo se amansó luego de triunfar, al derogarse el Decreto Ejecutivo 883 que elevaba el precio de los combustibles.

La masividad de las protestas se generalizó en el país hasta constituirse en un verdadero levantamiento popular, que en su esencia rechazó al neoliberalismo y la violencia estatal. Delante del triunfo del pueblo está el movimiento indígena liderado por la CONAIE, son co-protagonistas las organizaciones del FUT y del Frente Popular, así como la valerosa y combativa juventud.

Del lado de los derrotados está el gobierno de Moreno que, por más fantasmas creados en base de una supuesta insostenibilidad de la dolarización, no pudo ratificar el paquetazo. Ni siquiera el brutal estado de emergencia y el toque de queda, que dejan un saldo aproximado de 2500 víctimas, contuvo la ira popular.

También fueron vencidos el criminal Fondo Monetario Internacional, los políticos burgueses que agitaron discursos de odio racista y regionalista, los serviles oligopolios de la comunicación y las Cámaras de la Producción que no lograron imponer las políticas neoliberales.

Capítulo aparte merece el correísmo que languidece luego de fracasar en su intentona golpista, pues la generalidad de los manifestantes lo rechazó. El prófugo y sus seguidores deben enfrentarse a las etapas judiciales finales, en las que no sólo deben ser sentenciados por la corrupción de una década, sino también por su vinculación a las acciones delincuenciales que existieron durante las paralizaciones.

El Ecuador queda fraccionado entre unos pocos y las mayorías. Cada esfuerzo de la oligarquía por desnaturalizar el levantamiento popular, tuvo la respuesta inteligente del pueblo que combinó diferentes formas de lucha. Cada ensayo de la burguesía por posicionar su llamado a la paz, al respeto de la democracia formal, fue superado por los manifestantes que exigieron justicia social.

Nuevamente la historia la han escrito las masas, ellas testimoniaron que sólo su unidad y lucha es camino de victorias. La próxima batalla serán las elecciones del 2021, ya es tiempo de que el pueblo sea gobierno.

 

Francisco Escandón Guevara

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LA LUCHA SIGUE

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Rostros ásperos y miradas sinrazón se presentaron en la última cadena nacional. Sobre ellos, aunque curiosamente faltó la ministra María Paula Romo, pesa la responsabilidad de facturar la crisis económica al pueblo y la violación sistemática a los derechos humanos.

El presidente Moreno, nervioso porque no miraba el texto del telepromter, insistió en salvar su des-gobierno apelando al fantasma de Correa y del golpe de Estado, para desprestigiar las movilizaciones y desacreditar a los manifestantes. Esa es la vieja estrategia de la dicotomización de la sociedad, que también la usó el prófugo, para de un lado legitimar el poder absoluto, violento, y por otro para criminalizar a la oposición.

Esa afirmación es errónea, la vanguardia organizativa del movimiento no la tiene el correísmo y aunque quiera aprovecharse de la actual crisis política, para volver a Carondelet, sus liderazgos no tienen eco, porque el pueblo sabe quiénes son los responsables de la corrupción y del despilfarro de los recursos públicos.

También es equivocado el argumento de responsabilizar la violencia a los huelguistas. Este es un problema estructural, no de la última semana, aunque la reacción de los manifestantes es mínimamente el reflejo de la coerción desproporcionada de la policía y el ejército. No se debe olvidar que la matriz originaria del conflicto es el paquetazo decretado por el gobierno, que el estado de excepción viola libertades públicas, que ya existen víctimas (muertos y heridos) de la represión, que se amenaza con guerra y uso letal de la fuerza para terminar con los disturbios.

Por cierto, los actos delincuenciales no son un producto de la lucha contra las medidas económicas, sino consecuencia de una sociedad en la que el Estado no logra resolver empleo y seguridad para la gente.

Otro yerro de Moreno es el de retirar la sede del gobierno de Quito. Esa es muestra de debilidad, frente al asedio de la lucha, que ya tiene dimensiones de un levantamiento popular. Huir a Guayaquil, al nicho electoral de socialcristianos y lassistas, tiene el claro simbolismo del pacto empresarial-burgués que, a nombre de la defensa de la democracia, amenaza con un reguero de sangre.

Si Moreno no deroga el paquetazo, las protestas que iniciaron con ese fin podrían derivar en su salida.

 

Francisco Escandón Guevara

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LOS PAQUETAZOS

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El gobierno de Moreno, por presiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), impuso un paquetazo económico y laboral de carácter antipopular que merece el rechazo de la mayoría de ecuatorianos.

El incremento de los precios del diésel y las gasolinas, es el inicio del paquetazo económico, pues el efecto dominó de encarecimiento de los servicios, como es el caso del transporte público, y de los productos de primera necesidad son inmediatos. De esta forma, por decreto de Moreno, la capacidad de compra de los salarios del pueblo ecuatoriano disminuyó.

Además es necesario advertir que las nuevas tarifas de los combustibles no son fijas, pues como ya sucede con la gasolina súper, los precios están liberalizados y, cada mes, a merced de la oferta y la demanda, el gobierno los definirá.

Por otro lado, el paquetazo laboral, que está aún bajo el tapete, precariza más las condiciones de contratación, de trabajo y hasta de jubilación de los trabajadores. Inconstitucionalmente, Moreno quiere confiscar para siempre el sueldo de un día de quienes trabajen en las empresas estatales, además de reducir en 20% el salario de todos los servidores públicos que sean contratados o tengan nombramientos provisionales. Esta contrareforma laboral además pretende legalizar los contratos de trabajo desprovistos de derechos y la eliminación de la jubilación patronal.

Esas razones son suficientes para protestar y motivan la oposición general del pueblo. Con contundencia y masividad las movilizaciones se desarrollan y no la detendrá la declaratoria del estado de excepción, ni la cobarde represión, que sólo expresan la violencia estatal.

Mal hace el régimen de calificar como zánganos, vándalos, malcriados o golpistas a los manifestantes; es el mismo gobierno el responsable de sus desatinos y de la falsa prédica de combatir a la corrupción de su predecesor.

La lucha contra los paquetazos es independiente de la burguesía, marca distancia con los líderes de la partidocracia y rechaza el intento de manipulación del correísmo que quiere pescar en río revuelto.

Si Moreno no deroga a tiempo las medidas económicas y laborales, sus días están contados en Carondelet. Al fin y al cabo la historia la hace las masas.

Todos y todas a las calles.

 

Francisco Escandón Guevara
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