XENOFOBIA, EL OTRO MURO

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Ochenta años han pasado desde la noche de los cristales rotos, en la que casas y almacenes de judíos fueron atacados por los nazis alemanes. Ese fue el preludio de los campos de concentración y del holocausto.

Hitler acusó a los judíos de ser los responsables de las dificultades económicas que enfrentaba Alemania, él construyó un discurso ultranacionalista, xenófobo (miedo a los extranjeros) y racista que orientaba a las masas a promover deportaciones, detenciones y asesinatos.

Aunque pareciera que la historia firmó la carta de defunción del totalitarismo hitleriano, su ideología está presente en la construcción del muro de Trump, que impedirá las migraciones desde la América Latina a la Anglosajona, y en los cercos que los gobiernos conservadores europeos levantan en sus fronteras para impedir que ingresen a su territorio las víctimas de la pobreza y la guerra.

La capacidad de modernizarse de la xenofobia es tal, que en Sudamérica está peligrosamente generalizándose el rechazo a los desplazados de Venezuela, como en otros momentos fuera con colombianos, cubanos o haitianos.

Se los acusa injustamente de la inseguridad, de abaratar el costo de la mano de obra, del desempleo, etc.; de los mismos problemas que antes de su éxodo, ya existían por culpa de los gobiernos neoliberales y progresistas.

La reaparición del recurso ideológico xenófoba ultranacionalista, que equipara al migrante con un delincuente, esconde la ineptitud de gobernantes y clases oligárquicas que han sido incapaces de resolver las propias necesidades de los ecuatorianos, pero además trata de justificar una intervención militar norteamericana en Venezuela.

Los venezolanos son víctimas de una profunda crisis humanitaria. Por ello, además de migrantes, son desplazados, pues escapan de su país para evitar la pobreza, la hiperinflación y la violencia generalizada. Deben ajustar cuentas con el gobierno de Maduro, con rebeldía, ejerciendo su autodeterminación, sin la intromisión guerrerista extranjera.

Corresponde a los países de Latinoamérica promover verdaderos corredores humanitarios que garanticen la libre movilidad de los desplazados. Lo opuesto, pedir pasaporte, visas o cerrar las fronteras, constituye una violación a los derechos humanos y promueve el tráfico de personas, el coyoterismo.

No se debe emular el muro físico de Trump con otro de estructuras mentales y legales discriminatorias. Al fin y al cabo, la historia de la humanidad también es la historia de las migraciones.

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OTRA VEZ EL FMI

OtraVezElFMI

La actual crisis fiscal es la consecuencia del manejo inadecuado de las finanzas públicas en la anterior década.

Al tiempo que Correa ensayaba discursos contra los organismos crediticios internacionales, aceptó los préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI) que le fueron entregados como estímulos a la aplicación de políticas neoliberales: garantías a inversiones privadas, exoneración del pago de impuestos a los monopolios, promoción a las privatizaciones, concesiones mineras-petroleras, excesivo endeudamiento, entre otras.

Mas esas políticas no resolvieron los problemas del país, tan sólo lograron el aplazamiento de la crisis a través de malabares jurídicos.

Moreno, cuando asumió la presidencia, se vio obligado a reconocer la condición calamitosa de la economía y su propuesta anticrisis refleja la verdadera naturaleza de Alianza País, su servidumbre a la ortodoxia capitalista descarga los efectos de la crisis sobre los trabajadores.

Cumpliendo las órdenes del FMI, Moreno perdona millonarios intereses a empresarios morosos, se apresta a iniciar las negociaciones de libre comercio con el gobierno de Trump, enajenará el patrimonio nacional y eliminará progresivamente los subsidios a los combustibles.

Así, la gasolina súper, que aparentemente usan los sectores con mayor capacidad adquisitiva, pasará de costar $1,95 a $3,06, pero el plan de ajuste continuará con la elevación del costo de la gasolina ECOPAÍS y el diésel, para finalmente concluir con la eliminación del gas de uso doméstico.

Moreno le teme a la reacción del pueblo, por eso plantea esta suerte de gradualismo que le de respiro para avanzar en el neoliberalismo. No será sencilla la imposición del recetario fondomonetarista, la oligarquía no aprende de la historia; acaso ¿no recuerda los levantamientos populares que derrocaron a Mahuad y Bucaram cuando intentaron paquetazos semejantes?

Las recetas del FMI jamás fueron la solución. Su intervención en distintos países deja secuelas de pobreza para las mayorías, por ello sus recomendaciones no pueden mitificarse como la solución a los problemas del Ecuador.

LA METAMORFOSIS DE ALIANZA PAÍS

METAMORFOSIS-AP

Originalmente, Alianza País (AP35) se fundó como un movimiento crítico a la partidocracia neoliberal que gobernó al Ecuador desde su retorno a la democracia formal.

La simpatía electoral que logró fue construida por la identidad discursiva contra el poder de las élites y por la promoción de un progresismo, al que llamaron socialismo en sus distintas versiones en Latinoamérica.

En los momentos de éxito de AP35, que coinciden con la fase de recuperación del capitalismo y la demanda de materias primas, las masas fueron seducidas por la modernización de la infraestructura del país que detrás escondió millonarias coimas y bochornosos actos de corrupción.

Pero, con el advenimiento de la depresión del ciclo económico, se desnudó la esencia de un proyecto político embarrado de prepotencia y preñado de irresponsabilidad en el manejo económico. Así, a la par de los bajos precios del petróleo y los minerales, llegó el desgaste de Alianza País quien no pudo sostener la reelección indefinida de su caudillo mayor.

Las ilusiones de una transformación de las relaciones de poder en el Ecuador se desplomaron en menos de una década; el rechazo popular al partido de gobierno se convirtió en un anticorreísmo efervescente que obligó a Moreno a tomar distancia y luego romper relaciones con su mentor.

La ruptura entre los caudillos del oficialismo generó una especie de bifurcación de Alianza País: una facción, no exorcizada del correísmo, aún gobierna junto a Moreno y otra camarilla de cheerleaders del ex presidente han pactado más de una vez con los morenistas en la Asamblea Nacional, a pesar de que ahora construyen un Partido (Maná) del cual, antes de inaugurarlo, ya han sido simbólicamente expulsados.

Por ello , los intentos por relanzar a AP35 no convencen. El cambio de colores, la renovación de cuadros dirigentes o el llamado a acuerdos políticos, adoptados en su última Convención Nacional, son insuficientes para evitar su descrédito. Las próximas elecciones serán el termómetro del rechazo del pueblo.

Así es la metamorfosis de AP35 es un cambio de formas, es el ocaso de un caudillo a quien reemplazaron por otro con estilo distinto, es una permanencia del neoliberalismo antes tolerado y ahora promocionado, es la continuación de los intereses de los ricos y la afectación a los pobres.

Se convirtieron en lo que criticaban, desde hace rato forman parte de la partidocracia.

 

Lcdo. Francisco Escandón Guevara

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ELIMINACIÓN DE LOS SUBSIDIOS: OTRO GOLPE PARA EL PUEBLO

ILUSTRACION ELIMINACIÓN DE LOS SUBSIDIOS

La crítica a la globalización neoliberal caracterizó los años de transición de los dos últimos siglos. Esa movilización social fecundó en Latinoamérica gobiernos alternativos de corte populista, los cuales optaron por modernizar los procesos de acumulación de capital en favor de los monopolios nacionales y extranjeros.

En el Ecuador, los alfiles de la partidocracia fueron reemplazados por Correa quien, más allá de la alharaca propagandística, no superó el capitalismo, pues en esencia sus políticas constituyeron la subsistencia de la larga noche neoliberal.

Una muestra de esas políticas es la privatización del ingenio azucarero ECUDOS junto a las cementeras Guapán y Chimborazo, la promulgación de la Ley de Incentivos para Asociaciones PúblicoPrivadas, la firma del Acuerdo Multipartes con la Unión Europea, las concesiones mineras y petroleras, los altos niveles de deuda pública, la precarización de las condiciones de trabajo y la proscripción de la organización sindical independiente.

En esa cuadratura ideológica también se cobijan las medidas económicas que el actual gobierno anuncia: la firma del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos de Norteamérica, la venta de activos del Estado, la eliminación de los subsidios, etc.

Así la burguesía aspira resolver la crisis fiscal, ya que el déficit superó las previsiones iniciales que crecieron de 3,94% al 9,2% en relación con el Producto Interno Bruto.

Esa crisis será nuevamente facturada para que la paguen los trabajadores, pues por un lado el gobierno perdona las deudas que los grandes ricos morosos tienen con el Estado (USD. 2.355millones), como lo hizo Correa[1], y por otro anuncia que eliminará los subsidios a los combustibles (USD. 1.707millones) que implicaría un duro golpe al pueblo.

No existen dudas, los hechos hablan por sí solos, continúa el gobierno de las prebendas para la oligarquía que tiene en el Estado capitalista el protector de sus intereses de clase.

En definitiva, las contradicciones de Rafael con Moreno no trascienden del plano político, del liderazgo de la dirección del Estado y de Alianza País, pues perdura y se profundiza el modelo económico vigente en el Ecuador desde el regreso a la democracia formal.

Urge oponerse a estos anuncios de medidas económicas y exigir fuentes de financiamiento presupuestario que rompa la ortodoxia neoliberal de la tecnocracia crediticia internacional. Por ejemplo, además de cobrar las deudas que mantienen los multimillonarios evasores de impuestos, se debe recuperar la plata que los corruptos defraudaron al Ecuador, nacionalizar los servicios de las telefonía celular, reforzar el control en las fronteras para impedir el contrabando de combustibles a los países vecinos, etc.

Se requiere continuar el combate contra el neoliberalismo que durante la década precedente fue tolerado y desarrollado solapadamente, además de superar ese recetario dogmático que vuelve a ser promocionado como la alternativa a las crisis generales y cíclicas del capital.

Por lo tanto, urge transformar en serio la sociedad.

 

[1] Durante el correísmo se aprobaron dos normativas que principalmente perdonaron las deudas que los grandes grupos económicos mantenían con el Estado: la Ley de remisión de intereses, multas y recargas tributarias sobre impuestos nacionales (aprobada por la mayoría correísta en abril del 2015) y la Ley para la reestructuración de deudas de la banca pública, banca cerrada y gestión del sistema financiero nacional y régimen de valores (aprobada en marzo del 2017).

 

Lcdo. Francisco Escandón Guevara

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