LA COSA NOSTRA CRIOLLA

LA COSA NOSTRA

A mediados del siglo XIX, Sicilia fue anexionada a Italia por el ejercicio de la fuerza. Hacia entonces también se originó el moderno Estado italiano que desplazó las viejas formas de producción por la industrialización y la disputa interburguesa que también mutó de la libre competencia capitalista al reinado de los monopolios.

Pero la constitución de estos es un proceso económico y político que demandó del uso de la violencia operada por verdaderas organizaciones mafiosas que se encargaron de precautelar los intereses de algún grupo económico.

La historia recuerda varias estructuras de esta naturaleza que nacieron y perecieron, la más famosa es la italiana Cosa Nostra cuyos niveles de jerarquización eran semejantes a una autocracia regentada por el capo di tutti i capi (capo de todos los capos) que se constituía en un líder supremo idolatrado por los subordinados a su poder.

Tal parece que algo semejante ocurrió en el Ecuador de la última década. El caudillo del último decenio autodenominado “jefe de todos los poderes”, “jefe de todo el Estado” legitimó socialmente un proyecto político que reclamaba su pertinencia ideológica de izquierda, aunque sus acciones prácticas concretas se ubican detrás de las concepciones primero modernizantes y luego neoliberales del viejo capitalismo.

Rafael es el caudillo de una revolución no iniciada al servicio de los monopolios y de los tradicionales grupos económicos que lograron una mayor y acelerada acumulación de capital,  al menos es el principal responsable político de la más gigantesca red de corrupción institucionalizada[1] que sufriera el país, Correa es el símbolo del autoritarismo y de la violencia legalizada a través del Estado, es el gestor del fracaso económico que el Ecuador hereda e incluso podría ser la encarnación del jefe de una especie de Cosa Nostra criolla que vive sus momentos agonizantes.

Ahora, previo a las exequias del poder de la década anterior, el líder reclama lealtad de su distante primer binomio que ahora ocupa el sillón presidencial, imparte órdenes a una caótica y provisional mayoría de sumisos asambleístas, ejercita su decadente autoridad para evitar que sean prolijas las investigaciones que incriminan a los más cercanos colaboradores de su administración, idealiza petulantes conspiraciones en las cuales su ego (yo) es el antes y después de la historia patria; por ello es que reclama el poder como propio y lo disputará hasta el final: sólo para sí y para algunos, la envestidura de la banda tricolor aún pende sobre su pecho y no aceptan la necia realidad de la cercanía de su fin.

El otoño del patriarca de la década endeudada, al que también podríamos llamar el capo di tutti i capi ecuatoriano, transcurre en un ático de Bruselas especulando alrededor de cómo evitar la implosión del fallido jaguar latinoamericano y la resurrección del fiasco del milagro ecuatoriano que a estas alturas no son más que artificios propagandísticos que enajenaron a las mayorías, mientras operaba el atraco del país.

Si el futuro de la mafia y del propio jefe de los capos depende de las pugnas internas de Alianza País o de la carente independencia de las instituciones estatales, de seguro se perpetuará la impunidad de los peces gordos responsables de la corrupción que tarde o temprano volverán a saquear el país en calidad de perseguidos políticos.

Por ello es indispensable la movilización popular para demandar la dimisión del vicepresidente Glas y la extinción de dominio de las propiedades de los corruptos, pero además la convocatoria a una Consulta Popular que plantee la urgente remoción de las autoridades estatales[2] y la des-correización del Estado.

 

[1] A decir de la Comisión Nacional Anti Corrupción, creada por el Frente Unitario de Trabajadores, cada día el Ecuador fue perjudicado en USD. 10millones por los actos de corrupción del correísmo, que calculados a la década constituyen USD. 36.500millones. En la red de corrupción estarían involucrados altos funcionarios del anterior gobierno, sus testaferros (socios y familiares), la cúpula del partido oficialista y hasta los responsables de los órganos estatales encargados de cumplir con las tareas de control, cuya independencia fue expresamente anulada por la sumisión absoluta a los órdenes de la majestad presidencial.

[2] Debe consultarse al pueblo ecuatoriano su acuerdo o no con la remoción del: Procurador General del Estado, Fiscal General de la Nación, Contralor General del Estado, de los miembros del Consejo Nacional Electoral y del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, pues la complicidad partidista y el acatamiento de las órdenes del caudillo demuestran la naturaleza del Estado capitalista al servicio de un proyecto político burgués y proimperialista.

 

 

Lcdo. Francisco Escandón Guevara

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