EL DIÁLOGO FANTOCHE Y EL PARO DEL PUEBLO

Las movilizaciones de la oposición popular y de izquierDIALOGO VS. PAROda, así como las desarrolladas por la oposición burguesa motivaron como respuesta del correísmo la convocatoria a un diálogo nacional para debatir aspectos aparentemente relacionados con la redistribución de la riqueza y el “tipo de país que queremos”. Con el transcurso de los días, este esquema gubernamental fue emulado por un disonante coro conformado por otras instituciones del Estado que acogieron disposiciones de la majestad presidencial.

Pero en realidad el interés original del diálogo es la preocupación por el descenso en los índices de popularidad del régimen que se expresan en una creciente movilización social de rechazo a su accionar. Todo ello configura un potencial escenario de crisis política, que desde el lado del gobierno pretende ser evitada con un amago de receptividad de opiniones de sus adeptos y de los representantes de varios de los grandes grupos económicos, mismos que son beneficiarios de sus políticas desarrollistas modernizantes del capitalismo.

Sin embargo, se precisa señalar algunos cuestionamientos a la convocatoria gubernamental:

  1. ¿Por qué el régimen eludió, durante estos años, las reivindicaciones expuestas en las diferentes jornadas de movilización que incluso ahora demandan la salida de Correa?
  2. ¿Si el gobierno tiene real voluntad de diálogo, por qué responsabilizan a un funcionario sin poder político de decisión en su representación?
  3. ¿Por qué se proscribe la participación de varias organizaciones sociales como anunciaron algunos ministros de la pseudorevolución?
  4. ¿Las decisiones adoptadas por las mayorías en el diálogo convocado tiene el carácter vinculante (obligatorio) o se trata de una maniobra semejante a las consultas prelegislativas montadas por la mayoría oficialista en la Asamblea Nacional?

A priori las respuestas son obvias. Se trata de un diálogo fantoche en el que seguramente se afirmará el proyecto político correísta que favorece a los grandes capitales nacionales e internacionales; por ello es que los representantes de las cámaras de la producción, vinculados a la oposición burguesa, participarán del sainete presidencial.

Por otra parte la oposición popular y de izquierda actúa con independencia de clase. Ello implica no mezclar sus intereses, unidad programática y movilización de masas con los de la burguesía que gobierna el país, ni con la otra derecha opositora que tiene contradicciones con el régimen a pesar de los beneficios, especialmente económicos, que alcanzaron con las políticas estatales.

Precisamente ese principio de independencia de clase motivó el rechazo al diálogo desmovilizador del gobierno y la convocatoria al Paro del Pueblo que sin duda alguna será la mayor expresión de unidad y lucha de los trabajadores del campo y la ciudad, de la juventud, de los pueblos y nacionalidades en estos 8 años de correísmo.

De allí que la inminente fuerza del Paro del Pueblo motiva objeciones desde las derechas. Por un lado la oposición burguesa lo juzga como medida extrema inapropiada; mientras que la derecha de Carondelet apuesta por descalificarlo como ilegal y carente de razones, llegando al punto de amenazar con enjuiciamientos a los manifestantes.

Está claro, el 13 de agosto el pueblo diversificará sus acciones de lucha. La oposición popular y de izquierda mostrará su contundencia en todo el Ecuador para exigir que sean acogidas sus reivindicaciones, pero especialmente las demandas girarán alrededor de que se convoque a consulta popular sobre las reformas (mal llamadas enmiendas) constitucionales impulsadas por el régimen.

En definitiva la izquierda y el pueblo retomaron la iniciativa que por un instante pretendió ser reemplazada por la oposición burguesa, a propósito de los proyectos de leyes de herencias y de plusvalía. En este escenario es obligatorio que los explotados ganen posiciones, pues el país experimenta una mayor profundización de las contradicciones entre el pueblo y el gobierno, entre la izquierda y la derecha, entre las burguesías; mismas que deben ser aprovechadas para caminar hacia un gobierno popular.

Lcdo. Francisco Escandón Guevara

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EL POSTCORREÍSMO DEBE SER UN GOBIERNO POPULAR

ILUSTRACION POSTCORREISMO

La desesperación cunde en el gobierno de Correa. A la habitual organización de las cada vez más débiles contramarchas y la monótona (millonaria) propaganda oficial; en estas semanas, de una creciente movilización social, se revela una estrategia política que pretende evitar el desplome de la popularidad del correísmo a partir de dos recursos:

  1. El aprovechamiento de la religión y la fe de las masas a propósito de la visita oficial de Mario Bergoglio, como representante de la iglesia católica. La acción gubernamental de tratar de moldear las encíclicas papales con el discurso oficial de Carondelet tiene un propósito utilitarista, pues subordina la figura del principal del Vaticano y la simpatía de importantes segmentos de la población por su visita al beneficio que pretende alcanzar como resultado final; mismo que proyecta calmar las tensas aguas de las movilizaciones de la oposición y recomponer sus fuerzas para continuar empujando su proyecto político derechista.
  2. Profundizar la indeterminación de los actores de las oposiciones como si se tratasen de uno solo. Sostenemos esto porque el correísmo utiliza una lógica maniquea que acredita como bueno a su proyecto político derechista burgués, mientras que embiste a la oposición, independientemente de su carácter, como golpista y representante del pasado.

El propósito del maniqueísmo gubernamental es negar la existencia de dos oposiciones en cuanto a sus actores, intereses y propósitos. Es por ello necesario diferenciar:

  • La oposición popular y de izquierda que reúne al movimiento social y sindical organizado de la juventud, los trabajadores y los pueblos que recuperó paulatinamente su capacidad de movilización en cada jornada nacional convocadas por las organizaciones populares desde hace más de un año atrás. Si bien el núcleo fundamental de estas movilizaciones es la clase obrera, los trabajadores; alrededor de sus exigencias iniciales se tejieron un conjunto de justas reivindicaciones reclamadas por sectores que se adhirieron a su acción y constituyeron colectivos unitarios de coordinación de la lucha, quienes calificaron sus iniciales consignas economicistas-reivindicativas hacia una sola central con importante carácter político: ¡Fuera Correa, Fuera!
  • La oposición oligárquica de Lasso, Rodas, Nebot y Gutiérrez que encabezan movilizaciones en determinadas ciudades y sectores donde ejercen un liderazgo local; no rechazan la mayor concentración de la riqueza en manos de la burguesía impulsada durante los años del correísmo, sino sus pugnas se deben a que ciertos grupos económicos no fueron del todo beneficiarios de dicha repartición dolosa de la riqueza como si usufructúan otros monopolios aliados al presidente de la República. Por ello las exigencias fundamentales se circunscriben al archivo de los proyectos de Ley de herencias y plusvalía; además que demandan una serie de rectificaciones presidenciales, también direccionadas por las Cámaras de la Producción que son habituales comensales de Carondelet. Sin embargo, frente al crecimiento del descontento popular anticorreísta, estas facciones de la burguesía pretende hacerse del poder que está en manos de otros monopolios; por lo que no descartan la tesis de pescar a río revuelto.

Existen entonces tres corrientes en el Ecuador actual: a) un correísmo cada vez más debilitado que apuesta por la continuidad de su proyecto político, b) una oposición de derecha dispersa y territorialmente localizada que a pesar de pedir rectificaciones a un gobierno también burgués, no desestima la posibilidad de un recambio oligárquico; y, c) una oposición popular y de izquierda que está unificada y fortalecida, poseedora de un radio de acción en las diferentes provincias del Ecuador; además que impulsa la tesis de derrotar a Correa en las calles y a partir de ello constituir un gobierno popular.

Esa posibilidad cierta de la caída del gobierno abre una incógnita acerca de quién asumirá la vacante. Algunos adeptos del régimen pretenden dispersar la movilización social con el argumento que Correa es el mal menor, que sería peor la sucesión de Jorge Glass o Gabriela Rivadeneira, que si asume el poder Lasso, Nebot o Rodas sería volver al pasado; etc. Pero detrás de esos argumentos se configura una concepción errónea de la historia, según la cual existirían individuos predestinados para gobernar y que su rol es indispensable en el futuro de los países.

Esta concepción individualista y mesiánica que niega el papel de la juventud y los trabajadores, de los pueblos; tiene el propósito de alejar a las masas de explotados del ejercicio del poder que lo ejecuta una persona con improbadas cualidades innatas de líder. Nada más falso y alejado del significado de la democracia (gobierno del pueblo).

De tal manera que la propuesta burguesa de mantener a Correa en el poder, la sucesión presidencial o el recambio oligárquico en realidad constituye una monocracia (gobierno de uno) al servicio de los monopolios y las transnacionales.

Por ello la pertinencia de que el postcorreísmo sea un gobierno popular, pues se trata del ejercicio pleno de la democracia ejercida directamente por las masas, que se transforman de víctimas del Estado y sus representantes en sujetos protagonistas de la sociedad; pues definirán, planificarán, ejecutarán, controlarán y evaluarán las políticas públicas.

El gobierno popular proyecta sus cimientos sobre la participación real de quienes protestan en las calles y su proyecto político a desarrollar son las reivindicaciones de los diferentes sectores sociales independientes de la oligarquía; por lo tanto, dejará sin efecto todas las medidas antipopulares y antinacionales del régimen actual.

Entonces el gobierno popular es el autogobierno de las masas de jóvenes y trabajadores, de los pueblos, sin la participación de la burguesía correísta ni banquera. Por ello es indispensable demarcar posiciones con la derecha, tener una posición independiente de quienes nos gobiernan y nos han gobernado para evitar que la unidad y lucha de los de abajo no sea aprovechada una vez más por la oligarquía. De allí que debemos replantear la consigna de ¡Fuera Correa, fuera!, por la de ¡Fuera Correa, Gobierno Popular!

Lcdo. Francisco Escandón Guevara

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