LA QUIEBRA DEL IESS

El reparto de hospitales y contratos con sobreprecios también son prácticas comunes en el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) que está agonizante.

La asfixia económica es una acción coordinada entre los gobiernos y el empresariado. Ellos obligaron al IESS a comprar bonos del Estado, a desentenderse del pago de 40% del fondo de pensiones jubilares, a tolerar las multimillonarias deudas que los patronos públicos y privados mantienen por no cancelar sus obligaciones con la seguridad social.

La otrora solvencia económica de la institución fue revertida cuando los presidentes del Consejo Directivo se convirtieron en secuaces de los gobiernos, al hipotecar la autonomía del IESS.

Particularmente en los últimos catorce años: Ramiro González, el corcho Cordero, Richard Espinoza, Manolo Rodas, Paúl Granda dirigieron la institución. Todos ellos fueron representantes de los cuestionados gobiernos de Alianza País (el de Correa y el de Moreno), sobre más de uno pesan investigaciones o sentencias por acciones dolosas.

Capítulo aparte merece la designación de Jorge Wated, no sólo por su cuestionada idoneidad profesional y moral, sino porque propone resolver la crisis financiera facturándola a los trabajadores. Él propone aumentar el porcentaje y años de aportaciones, reducir las pensiones jubilares, cobrar toda atención de salud a hijos de afiliados y concesionar los centros de salud.

Las élites apuestan a desprestigiar la seguridad social para luego privatizarla a pretexto de su ineficiencia. El reparto de $8500 millones de dólares anuales, que es el presupuesto actual del IESS, es del interés de las cámaras de la producción y los banqueros, del gobierno y el Fondo Monetario Internacional, de la consulta propuesta por Nebot, etc. Buscan que el IESS sea administrado por las aseguradoras privadas de fondos de pensiones, las famosas AFP´s, que ya fracasaron en Chile al ofertar prestaciones de salud inhumanas y pensiones miserables.

Para salvar al IESS, universalizar la seguridad social y mejorar la calidad de las prestaciones primero el gobierno debe pagar los $24 mil millones que adeuda, al igual que los empresarios morosos. Junto a ello los afiliados, jubilados y pensionistas deben recuperar la administración de la institución, quién puede cuidar mejor el IESS que sus legítimos dueños.

Francisco Escandón Guevara

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PROLETARIOS UNÍOS

El neoliberalismo se oficializó luego de que John Williamson resumiera las políticas económicas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial. Desde entonces esos organismos internacionales gobiernan el mundo a través del ofrecimiento de créditos (deuda externa) a cambio del cumplimiento de sus órdenes.

De entre esas políticas, la desregularización del trabajo tiene particular énfasis porque es idolatrada por las cámaras empresariales, defendida por los partidos políticos oligárquicos, además de asumida por los gobiernos progresistas y neoliberales.

Para ellos los trabajadores gozan de muchos privilegios. Dicen que es irracional la existencia del salario básico, que la estabilidad laboral aleja las inversiones privadas, que el pago del décimo cuarto y quinto merma la productividad, que compartir las utilidades  con los  obreros menguan el crecimiento económico, que los contratos colectivos son absurdos, etc.

Las élites tratan de convencer a la sociedad que los derechos de los trabajadores son un obstáculo para el desarrollo, que la liberalización de las relaciones sociales de producción es la salida para crear más trabajo y que la flexibilización es la alternativa para la salida de la crisis.

Pero los resultados son distintos a los que se propagandizan. El éxito y el porvenir aún no llega a ningún país donde que aplicó esta política fondomonetarista; al contrario los derechos humanos y laborales retrocedieron, pues los sistemas de seguridad social se desfinanciaron, los salarios disminuyeron, el desempleo y la pobreza aumentó.

Basta con mirar las alarmantes tasas del Ecuador. Al fin de este año el desempleo atormentará a 850 mil personas, incluso es posible que el gobierno de Moreno termine su gestión con 1 millón de parados, totalmente contrario a lo ofrecido durante la campaña electoral en la que compitió con los ofrecimientos demagógicos del banquero Lasso, cuyo bloque parlamentario aprobó la Ley de Apoyo Humanitario con la cual se precariza aún más la vida de los obreros del sector privado y se da paso a que los ricos acumulen mayores riquezas.

La desregularización del trabajo no es el producto de la pandemia, viene de tiempo atrás, desde la larga noche neoliberal, tuvo asidero en el correísmo y se profundiza con Moreno.

Tanta actualidad tiene el alemán Carlos Marx: “proletarios uníos”, llegó la hora.

Francisco Escandón Guevara

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LOS REPARTOS

Semana tras otra el Ecuador naufraga en los escándalos de la corrupción. Cualquier noticia es eclipsada por los titulares de la institucionalización del robo que compromete a los gobernantes.

La corrupción forma parte del ADN de las élites. Es la consecuencia de una sociedad en la que el poder es controlado por una minoría, es la resaca de un sainete electoral en donde delincuentes se disfrazan de políticos para ganar elecciones y continuar con el desfalco.

Esa democracia es una estafa, pues constituye un esquema cíclico de perfeccionamiento del atraco. Así las instituciones son secuestradas por eternos comensales de Carondelet, por camaleónicos contratistas, por sinvergüenzas asalariados estatales que defienden intereses privados.

Antes del gobierno de Moreno, el liderazgo de Correa, cobijado en la majestad presidencial de jefe de todos los poderes del Estado, fue el epicentro de la corrupción. Desde la cúpula se organizó una estructura delincuencial para cobrar coimas, diezmos y sobreprecios, para administrar las sentencias de los jueces, para dirimir el ganador de cada proceso electoral, para cubrir las espaldas de sus cómplices, para instaurar la impunidad. Ese aparato mafioso persiguió a los críticos, mientras los aplaudidores y aduladores del líder fueron premiados con cargos y contratos siempre que juraran incondicionalidad al prófugo.

La imposición de la continuidad de Alianza País, con el gobierno de Moreno, no cambió esa naturaleza corrupta de la administración pública, sino perfeccionó la estructura heredada.

A nombre del diálogo y de un estilo distinto de gobierno, Lenin Boltaire reemplazó la autarquía presidencial por un ejercicio de cogobernabilidad burguesa al que fueron convidados los mismos sapos y ratas de siempre.

Ese es el actual reparto entre las élites empresariales, de banqueros, socialcristianos y cheerleaders arrepentidos de Rafael. Cada quien controla una fracción del poder para beneficio familiar o grupal, a cambio de evitar la fiscalización y de aprobar las leyes antipopulares. En cambio el correísmo, al controlarlo todo, le bastó con entregar cuotas de poder a sus leales lugartenientes que cumplían cada una de sus órdenes.

Mal hace el prófugo y sus seguidores en tratar de exorcizarse de sus demonios, nadie que sea decente puede olvidar la corrupción de su gobierno y de todos los demás.

Francisco Escandón Guevara

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ESTADO DE CORRUPTOS

La crisis humanitaria, agudizada por la pandemia del COVID-19, continúa en el país. Mientras el gobierno factura el costo de la crisis al pueblo ecuatoriano, las élites son beneficiadas por las políticas públicas adoptadas y por los negocios ilícitos que continúan.

La corrupción no es un hecho actual o aislado, tampoco es fenómeno exclusivo del Ecuador o de los países pobres, sino es un producto generalizado del sistema social, es una derivación del ejercicio del poder de una minoría que gobierna el planeta.

La sumatoria del dinero sucio cada año, si se consideran delitos como el enriquecimiento ilícito, la evasión de impuestos y otros actos de corrupción sumarían un perjuicio de 2,6 billones de dólares, para los estados, de acuerdo a estimaciones hechas por la Organización de Naciones Unidas.

Aunque no se tienen tasaciones del peso de la corrupción en el país, nadie duda de que es un mal endémico vinculado a la historia nacional. Cada gobierno estuvo involucrado en más de una polémica, pero la mayoría de ellas no fueron procesadas y alimentan la arbitrariedad.

Hay fortunas que se erigieron con los contratos estatales, las coimas, los sobreprecios, los diezmos y el chantaje. No son pocos los casos en el Ecuador. Basta mirar a la familia Bucaram  que lucró de la alcaldía de Guayaquil y de la presidencia de la República, para juzgar que sus riquezas mal habidas continúan acaudalándose gracias al reparto de la administración pública en el que ubican a parientes y socios.

La misma lógica funciona con socialcristianos y socialdemócratas, correístas, populistas y morenistas, liberales y conservadores. Es que esas élites, un puñado de familias llamadas de estirpe y con casta de abolengo, han gobernado cíclicamente generación tras otra, pues el Estado les pertenece.

El pueblo está hastiado de la impunidad, de jueces asalariados del poder, de fiscales timoratos, de asambleístas y alcaldes tramitadores, de testaferros y familiares contratistas, de delincuentes que se disfrazan de políticos, de políticos empleados de banqueros y empresarios, de caudillos que se exilian en otros países y se hacen llamar víctimas.

Pero nada es eterno, temprano llegará el momento en que se haga justicia. Encarcelar a los corruptos y recuperar lo robado no debe ser una promesa, ni una amenaza, sino una acción urgente.

Francisco Escandón Guevara

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QUE ARDA EL RACISMO

La muerte de George Floyd es un nuevo detonante de la ira popular en los Estados Unidos de Norteamérica. La asfixia provocada por el policía expresa la desproporcionada violencia con la que actúan las fuerzas coercitivas estatales y su carácter fascista, pues históricamente la brutalidad de la gendarmería está agravada el por odio racial.

El homicidio de Floyd es una práctica común de etnización del delito y de criminalización de la pobreza en país gobernado por Trump.  Ser pobre, joven, negro, latino o indígena nativo norteamericano son factores de potencial riesgo para morir. Tal es la dimensión de la racialización represiva que “1 de cada 1.000 hombres y niños negros en Estados Unidos puede esperar morir a manos de la policía” (Khan, 2019). Los disparos de la represión estatal fue la causa principal de muerte de negros entre los años 2013 y 2018.

Nada de lo que ocurre es un hecho aislado. En el país autonombrado garante de la democracia y la libertad internacional la supremacía blanca está en pie, forma parte de la cultura dominante de sus élites.  No de otra forma se entiende que el tráfico de esclavos dejó de ser legal sólo hace 150 años atrás, que recién el primer sufragio negro estadounidense fue en 1965, que aún exista discriminación racial para el acceso a los servicios, que la escolaridad de negros sea menor, que su incorporación al trabajo esté relacionada a ocupaciones descalificadas y semicalificadas, que continúe la desigualdad salarial o que exista un mandatario que exacerbe la xenofobia con la construcción de un muro y el impulso de políticas segregacionistas.

La policía refleja la naturaleza del Estado norteamericano, el carácter de su condición imperialista, pero además ampara los intereses de las élites fascistas. Por ello es que mientras a un asesinato de odio, cometido por las fuerzas coercitivas, se le llama uso desproporcionado de la fuerza, a la reacción popular, pluricultural y multiétnica se la denomina como disturbios y a sus participantes como terroristas.

Pero la protesta crece, se diversifica y se radicaliza, no logra ser detenida por la represión. La lucha callejera rebasa la exigencia de sanción a los asesinos de Floyd porque cuestiona al poder y al tipo de democracia yanqui.

Que quede claro, no existirá paz, ni en la misma meca del capitalismo mundial, sin igualdad y justicia social.

Francisco Escandón Guevara

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INFORME A LA NACIÓN

La apertura del Informe a la Nación estuvo a cargo de un desconocido presidente de la legislatura que exaltó como su principal virtud el no ser golpista, aunque excluyó en la rendición de cuentas toda autocrítica que explique los negociados, coimas, diezmos, contratos y puestos burocráticos entregados a los asambleístas que votaron a favor de leyes en beneficio de las élites.

Al terminar esa tediosa exposición, el interludio musical escogido fue el de una de las canciones del ministro Velasco, quizás con el fin de que la sensibilidad patriotera borre de la memoria colectiva los contratos que quería repartir a unos cuantos amigos artistas suyos, mientras los trabajadores de la salud no tenían insumos de bioprotección.

En palabras del taurino Roldán, el siguiente al ruedo fue Moreno. Él inició con el cliché de siempre, el de buscar distancia del correísmo, argumento poco creíble por su participación en el gobierno de la década pasada y por reciclar en su mandato a varios de los cheerleaders de Rafael. Seguidamente el presidente piropeó a Otto, del cual ya aprendió su apellido, en busca de una reconciliación, después de que decretará administrativamente más confianza en sus secretarios que en el vicepresidente. 

Moreno reconoció que el país vive la peor crisis de la historia, pero acusó como responsables a la herencia del anterior gobierno, a la ola migratoria venezolana, al levantamiento indígena y popular y a la pandemia del coronavirus. De esa forma demagógica, xenófoba, elitista e inhumana eludió su inoperancia en el manejo de la pandemia, escondió su incompetencia frente a miles de muertos y contagiados, no evaluó los impactos económicos y sociales por la aplicación de las recetas fondomonetaristas, hizo silencio frente a la corrupción de su gobierno.

También anunció prioridades para el último año de mandato, la más llamativa es el fortalecimiento de la dolarización. En adelante esa será la muletilla que justifique la aplicación del resto de exigencias firmadas con el FMI y alentadas por las élites.

Está claro, el régimen no está dispuesto a cambiar su orientación, se siente cómodo debajo de la sombra de las cámaras empresariales y del Fondo Monetario. Pero su debilidad es notoria, la impopularidad es enorme y el destino de sus medidas económicas se definirá en las calles. Todo dependerá de la fuerza de la oposición popular.

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PAQUETAZO RECARGADO

PAQUETAZO RECARGADO

El escenario del coronavirus, las miles de muertes y contagios, está siendo usado maquiavélicamente por el gobierno de Moreno para imponer las medidas neoliberales condicionadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Por iniciativa del régimen y con complicidad de los asambleístas, días atrás, se impuso un paquete de reformas laborales que afectan a los trabajadores del sector privado, pues la Ley de la esclavitud faculta a los empresarios, entre otras cosas, a reducir el salario hasta en un 45%. Horas después, los mismos partidos del pacto empresarial burgués legalizaron que los dineros del IESS puedan ser usados por el Ministerio de Finanzas poniendo en riesgo el sistema de seguridad social que no le pertenece al gobierno, sino a los afiliados, jubilados y pensionistas.

Pero el paquetazo no termina allí. Moreno, en la reciente aparición en cadena nacional, anunció  nuevas medidas económicas a nombre de reducir el déficit fiscal de USD. 12000 millones.

La reducción de la jornada de trabajo y también de salarios se impondrá a los trabajadores y servidores del sector público. Las contribuciones que Moreno planteaba en la Ley de Apoyo Humanitario se consumarán vía Decreto Ejecutivo: a los maestros se les recortará el 12,5% del salario, a otros dependientes del poder ejecutivo la reducción será del 25%, aunque se exceptúa de esta incautación a trabajadores de la salud, policía y fuerzas armadas.

Junto a la reducción salarial, el gobierno insiste en despedir 8000 funcionarios del Estado y retoma la liberalización del precio de los combustibles, que en palabras castizas constituye la eliminación del subsidio de los combustibles, tal cual pretendió hacerlo con el Decreto 883 que fue derrotado por el Levantamiento Indígena y Popular en octubre pasado.

Nadie puede negar la profunda recesión económica que impacta al Ecuador, pero tampoco se puede facturar el costo de la crisis a los trabajadores. Mientras piden comprensión a las medidas anunciadas, la corrupción sigue y las élites son beneficiadas con leyes que les permiten sobre explotar trabajadores y evadir contribuciones económicas.

Resucitar el paquetazo acordado con el FMI es un error, la nueva realidad después del coronavirus exige medidas extraordinarias, no las mismas. Ahora el pueblo deberá decidir entre los intereses de las élites o su vida.

 

Francisco Escandón Guevara

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ESCLAVITUD MODERNA

esclavitud

La pandemia del coronavirus arroja un saldo de muerte, enfermedad y hambre que no logra ser resuelta por Moreno, cuya ineficiencia es responsable de la crisis humanitaria, de la corrupción y del desacierto neoliberal.

La Ley de Apoyo Humanitario, aprobada en la Asamblea Nacional, es el reflejo genuino del gobierno. Luego de reiterados aplazamientos en la votación legislativa y de dudosas negociaciones para alcanzar la mayoría: Alianza País, CREO del banquero Lasso, la Izquierda Democrática, junto a asambleístas de otros movimientos locales pisotearon los derechos de los trabajadores.

En la parte esencial de la ley sancionada se desregulariza el concepto de salario básico (en adelante el empresario dispondrá cuánto ganará el obrero), se autoriza además la reducción de la jornada de trabajo con remuneraciones y aportaciones al IESS proporcionales, las vacaciones dejan de ser un derecho y pasan a definirse según el arbitrio del empleador, los contratos a prueba se extienden de 3 meses hasta 4 años desprovistos de derechos e incluso se admite el despido sin más.

Las pequeñas concesiones como la estabilidad de los trabajadores de la salud o la formalización laboral de postgradistas no se compadecen con la precarización que quiere imponerse, con el régimen de esclavitud moderna.

Los empresaurios festejan porque acumularán mayor riqueza producto de la explotación laboral y también porque lograron evadir las contribuciones obligatorias e impuestos a la plata escondida en paraísos fiscales.

Tan demagógicos fueron los discursos electorales del millón de empleos como el intento de sacralización de Rafael. El pueblo no debe olvidar que el correísmo también proscribió derechos laborales.

Quien tenga memoria histórica recordará la Ley de Educación Intercultural que prolongó las jornadas de trabajo de los maestros con salarios congelados por cerca de una década, la Ley de Servicio Público que anuló la carrera administrativa, el Decreto Ejecutivo 813 que legalizó el despido arbitrario de profesionales, las enmiendas Constitucionales con las que Correa coartó la contratación colectiva, la organización sindical y recortó utilidades.

No hay duda, la lucha de clases entre obreros y burgueses se agudizará. Nada fue regalado a los trabajadores, sus derechos y victorias son expresión de su unidad y lucha.

 

 

Francisco Escandón Guevara

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LA CORRUPCIÓN CONTINÚA

LaCorrupciónContinúa

Curiosamente el Ecuador es el único país donde los casos de coronavirus se reducen, de la noche a la mañana, por decisión gubernamental. La incertidumbre ante la corrección reiterada de los datos reportados provoca repulsión ante un régimen que perdió toda credibilidad.

La impopularidad del gobierno carcome a sus principales funcionarios, incluidos aquellos oportunistas que pretenden hacer de la pandemia un trampolín mediático en las nuevas elecciones.

La gestión de la crisis no sólo es inepta, sino está contaminada de corrupción. Al contrato por la compra de mascarillas al triple de su precio, se suma las fundas para embalar cadáveres (más costosas que los ataúdes), el sobrevaluo de insumos médicos y, por si fuera poco, apareció un nuevo contrato con el cual se compró  kits de alimentos al doble de su valor real.

El gobierno de Moreno sigue reciclando a miles de parásitos que antes fueron correístas, profesos neoliberales, conservadores y hasta populistas. Allí se camuflan aquellas sanguijuelas que se prostituyen ante cualquier gobierno por altos cargos burocráticos, pero también pasan de agache los delincuentes que amasaron fortunas con coimas, diezmos y sobreprecios.

Nada queda del edulcorado discurso presidencial de la cirugía mayor, la administración de Moreno repite las prácticas dolosas de su antecesor. Uno y otro son engendros de las oligarquías corruptas y se parecen en su indolencia en tiempo de catástrofes. Así, luego del terremoto de abril del 2016, Correa incrementó los impuestos y confiscó una parte de la masa salarial de los trabajadores, mientras asaltaban la plata destinada a la reconstrucción; ahora durante la emergencia sanitaria la receta se repite, el pueblo financiará la crisis y los delincuentes de cuello blanco seguirán robando.

Los sobreprecios, a los que Rafael llama reajuste, continúan, jamás se detuvieron desde la independencia del yugo colonial. Ese es el cártel burgués propietario del Estado que no recuperará un centavo de lo que malversaron sus pares.

Esas élites son repugnantes, sus intereses están sobre la vida de la gente y aspiran a naturalizar este delito por el torpe “al menos hizo obras”.

Ellos apestan a muerte y robo, mientras el pueblo lucha por la vida.

 

Francisco Escandón Guevara

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LOS RECORTES

LOS RECORTES

Las prioridades presupuestarias que suscriben los gobiernos tienen relación directa con los intereses que defienden. Cuando ocurren catástrofes, emergencias y crisis es más fácil mirar a qué lado de la historia se encuentra cada quien.

Moreno y las élites se inclinan por mantener los privilegios de los grandes empresarios, las ventajas para los banqueros y prestamistas internacionales, mientras menosprecian incluso la vida misma del pueblo, prueba de ello es la priorización del pago de la deuda externa y el recorte presupuestario de las áreas sociales.

La prioridad en el pago a los chulqueros internacionales originó el desfinanciamiento a la salud pública y esa situación de desinversión es la causa original de la deficiente respuesta al coronavirus, pues año tras otro se redujo el presupuesto para salud preventiva y curativa.

Esa perspectiva neoliberal de mutilación financiera también se extiende a la educación. La larga noche neoliberal, el correísmo y el actual gobierno no asignaron los suficientes recursos, basta revisar el porcentaje anual, en relación al Producto Interno Bruto, que se asignó a la educación para comprobar que las élites usan la Constitución para la asepsia de sus traseros.

Los recortes son recurrentes a las Universidades y Escuelas Politécnicas, sólo en los años 2019 y 2020 suman más de USD. 240 millones, de ellos USD. 98 millones, a pretexto del coronavirus. Esa asfixia económica viola la autonomía financiera universitaria, compromete su calidad educativa, la oferta académica y la ampliación del ingreso estudiantil.

Por si no fuera suficiente, también se recortó presupuesto a los otros niveles educativos. Con ello se suspenderán los programas de atención a la primera infancia, de alfabetización y post alfabetización, los cursos intensivos de educación básica y bachillerato. Así, 165 mil estudiantes de primer y segundo nivel serán privados del conocimiento.

Moreno apuesta a que la cuarentena le de respiro, que le permita imponer a cabalidad el recetario del Fondo Monetario Internacional, pero olvida que el fantasma de Octubre recorre el Ecuador. Si el gobierno insiste en mantener el paquetazo neoliberal, en privilegiar los intereses de las élites por sobre los del pueblo, la unidad y la lucha una vez más vencerá.

 

Francisco Escandón Guevara

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